Un día de página en blanco.
Un día de esos que no entiendo el castellano, ni el lenguaje de los gestos.
Uno de esos días que no veo lo que miro, ni digiero lo que como, y cuando estoy por agarrar otro cigarrillo me doy cuenta que hay uno prendido sobre el cenicero.
Un día de esos que se olvidan, a la fuerza, pero que a veces se suman y pesan demasiado.
Un día arrastrado, sucio, tirado por el piso, nadie lo levanta, a nadie le interesa.
Mecánico, hostil, buscando no sé que cosa en el fondo de pantalla, esperando no sé que.
Un día desperdiciado.
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